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Ciudadanias globales y sociedades civiles globales. Pistas para el analisis 

Los dramáticos cambios en las dinámicas económicas, sociales, culturales y políticas a nivel global están haciendo posible el surgimiento de ciudadanías y sociedades civiles globales. Son procesos en construcción. Contienen disputas de sentido y de conquista de espacios. Allí la lenta ampliación de los derechos ciudadanos frente a asuntos y problemas globales se esta dando no solo desde la institucionalidad supraestatal emergente, sino desde los movimientos sociales de perspectiva crecientemente global, que asumen “el derecho a tener derechos” también en este espacio globalizado.  

Virginia Vargas* 

La ciudadanía es una categoría en construcción. Históricamente su contenido ha variado a lo largo de los siglos (desde la época de los griegos) y ha cobrado nuevos contenidos en lo que se ha dado en llamar la ciudadanía moderna, que surge en los siglos 18 y 19 , según los países y regiones, y que marcan el paso de una sociedad estamental a una sociedad moderna. A lo largo de los siglos, las concepciones y contenidos de la ciudadanía se han ido complejizando y ampliando, en un permanente proceso alimentado ya sea por la recalificación de los derechos existentes (Lister habla de dar sustancia a los derechos existentes), ya sea por el descubrimiento de las nuevas exclusiones que se iban generando. Y se ha ido conquistando a partir generalmente de las luchas de los excluidos por su inclusión y a partir de los intentos legitimadores y modernizantes de los estados nación.  

Una de las definiciones clásicas de los contenidos de la ciudadanía corresponde a Marshall (1973). El distingue dimensiones y tipos de derechos: civiles, políticos y sociales, construidos históricamente; los derechos civiles, perfilados en el siglo XVIII; los derechos políticos, en el siglo XIX y los derechos sociales, que surgió con fuerza recién en el sigloXX. 

Parecería así que la ciudadanía moderna se sustenta en algunos rasgos comunes, tales como la igualdad formal de derechos y obligaciones, la pertenencia a una comunidad política (no solamente el Estado), la garantía para el ejercicio de los derechos ciudadanos vía instituciones ad hoc, la existencia de un espacio publico mas o menos desarrollado. 

Sin embargo, a pesar de estos rasgos comunes, las variaciones en las formas de construcción ciudadana, el peso de las condiciones socioeconómicas y políticas y culturas y el desarrollo desigual de las dimensiones ciudadanas entre las personas y en una misma persona, son enormes. La pretendida "universalidad" de los derechos ciudadanos ha invisibilizado a los sectores excluidos del inicial (y en muchas formas prevaleciente) modelo hegemónico: masculino, blanco, occidental. Muchas de las concepciones ciudadanas prevalecientes si bien tienden a reconocer la diversidad, no asumen la dimensión de desigualdad que esta diversidad conlleva ni las formas como esta desigualdad determina el acceso diferenciado y desigual a los derechos ciudadanos. Esta desigualdad ha sido intrínseca al desarrollo de las ciudadanas modernas, pues su surgimiento se dio en condiciones de profunda inequidad, al tratar a los diferentes como desiguales, fuera de la norma, excluidos. La dimensión civil de la ciudadanía asumió en sus orígenes, en el siglo 18, al derecho de propiedad como su constituyente. Los derechos ciudadanos se organizaron en torno a libertad, y no todos tenían esa libertad para comprar o vender. Por su parte, la dimensión política marginó a todos los diferentes (indígenas, negros, mujeres, analfabetos), los cuales lentamente lucharon por su reconocimiento e incorporación. 

Este proceso, que excluye e incluye permanentemente, hace que ninguna de estas dimensiones ciudadanas sea nunca completa, ni se desarrolle tampoco en forma similar, ni en una persona ni entre las personas. Este complejo proceso indica que la "evolución" y construcción de las diferentes dimensiones de la ciudadanía no corresponde a un proceso lineal, ni apuntando en una sola dirección. Es mas bien un proceso ambivalente, heterogéneo, que contiene según Calderón, fracturas, retrocesos y recuperación de contenidos perdidos (por ejemplo en América Latina los derechos políticos adquieren un nuevo valor después de la experiencia de las dictaduras en la región). La ciudadanía, termina Calderón, es una renovada y nunca acabada construcción sociocultural (Calderón, 1988)..

Justamente porque hay una ambivalencia intrínseca en la ciudadanía, dependiendo de la ubicación de las personas y las colectividades dentro del conjunto diferenciado de poderes y marginaciones en una sociedad, la ciudadanía puede ser vista, según López, desde diferentes perspectivas: ciudadanía como enmascaramiento de las desigualdades (al dar apariencia de igualdad entre desiguales), la ciudadanía como impulso al desarrollo de la igualdad, la ciudadanía como conquista de derechos y como espacio de conflicto entre dos principios contrapuestos - el de la igualdad y el de la desigualdad-, la ciudadanía como integración de las clases y sectores subordinados, por parte de las élites, para formar una comunidad política, la ciudadanía como espacio de construcción de la esfera publica (López, 1998). Todas estas dimensiones también están presentes en las dinámicas de construcción de la ciudadanía global. (López 1997). 

Estas diferentes perspectivas dan cuenta de una característica fundamental de la ciudadanía: la de no ser una categoría estática, sino mas bien flexible, dinámica, en relación con su entorno, contextualizada, como lo demuestra la forma en que las diferentes dimensiones ciudadanas se fueron perfilando y conquistando. Esta característica dinámica es la que nos permite hablar de la ciudadanía como proceso de "descubrimiento" y construcción de nuevos derechos. Por ello mismo, la ciudadanía, como concepción y como practica, como horizonte referencia de la sociedad, tiene un enorme potencial transformador. Y es que justamente por este ambivalente y contradictorio contenido, la ciudadanía es un "terreno de disputa", por su carácter restringido, parcial, excluyente así como por los intentos de las y los excluidos de presionar y negociar por su ampliación y su inclusión. Por ello la ciudadanía es también un principio movilizador. Lo que define el movimiento de la ciudadanía es la dinámica de exclusión - inclusión en relación a la sociedad y sus poderes.  

Las formas de expansión de las ciudadanías generalmente han correspondido a un doble movimiento: desde abajo, a partir de las luchas de diferentes grupos no hegemónicos que han impulsado incursiones democratizadoras buscando ampliar sus derechos ciudadanos, y desde arriba, ya sea por la presión de los excluidos (los de abajo), ya sea por los intentos populistas y-o modernizantes de los estados en la región. Los derechos ciudadanos otorgados desde arriba han significado generalmente una continuidad y han sido generalmente vistos o utilizados como mecanismos de cooptación o neutralización (por ejemplo la dación del voto a las mujeres por gobiernos dictatoriales), pero también han logrado generalmente ampliar el horizonte referencial de la sociedades. La construcción de la ciudadanía desde abajo no solo ha significado la ampliación real de los derechos ciudadanos sino también una expansión simbólica, en las sociedades y en las subjetividades, del espacio del ejercicio ciudadano, del espacio de derechos.  

La disputa sobre el significado, alcances y formas de desarrollo impacta la autopercepción de los ciudadanos sobre su condición o no de sujetos merecedores de derechos. La dimensiones objetivas (derechos reales existentes) y subjetiva (formas de acercarse a ellos) permite no solo permite el deseo de acceder a los existentes. Permite también y fundamentalmente, la invención y creación de nuevos derechos (Dagñino, 1997). Esta conciencia del "derecho a tener derechos" tiene la potencialidad de recuperar los derechos como procesos de descubrimiento y ampliación a partir de las luchas de las -los actoras sociales y no solo como acceso a los existentes.

 

Estas dimensiones, objetiva y subjetiva, serán también claves en el desarrollo de las ciudadanías globales. La apropiación de la idea del derecho a tener derechos está a la base de la forma en que los derechos globales han comenzado a expresarse y exigirse. Porque en las ultimas décadas el poblamiento de lo global en interacciones alrededor de derechos ha sido intensa, e inédita. La idea del "derecho a tener derechos" ha comenzado a tener base también en lo global.  

 

Las Ciudadanías en la era de Globalización 

Globalización y Ciudadanía

La ciudadanía es ante todo un proceso dinámico, fundamentalmente porque responde a las características de exclusión e inclusión de los diferentes momentos históricos y a las condiciones históricas y actuales en los que se perfila y ejerce.. Estas extensiones o nuevos contenidos indican también que muchas de las ampliaciones ciudadanas se presionan y consagran a través de impulsos venidos desde abajo cuando ya en la practica han comenzado a descubrirse y ejercitarse, cuando ya de alguna forma han entrado a formar parte del horizonte subjetivo de sectores significativos de las ciudadanías realmente existentes. 

Los cambios en las dinámicas mundiales desplegadas en el último cuarto de siglo XX están generando nuevas dinámicas de exclusión-inclusión y un nuevo terreno para el surgimiento de nuevos derechos. La posibilidad de una ciudadanía global y el desarrollo de sociedades civiles globales se inscriben dentro de estas dinámicas que abren los cambios globales. Es una tendencia en formación, que ha comenzado a extenderse significativamente en las ultimas décadas, a partir básicamente de la incursión de una multiplicidad de movimientos sociales en la arena global. La literatura que da cuenta de estos cambios a nivel global, producidos por la dramática intensificación de lo que se ha llamado proceso de "globalización" es amplísima, conteniendo tanto visiones criticas y pesimistas acerca de sus perversos efectos como visiones triunfalistas que hacen énfasis en la construcción de una hipotética "aldea global". El proceso de globalización sin embargo es ambivalente y contradictorio. Waterman ubica bien esta dinámica cuando dice que la globalización es a la vez amenaza, promesa y sobre todo seducción. Me interesa acá, a partir de una lectura intencionada y selectiva de algunos autores (Castells, Giddens, Sousa Santos, Held, Yuval Davis) recuperar aquellas dimensiones que iluminan las tendencias hacia la formación de ciudadanías globales.  

Castells señala que tanto la revolución de las tecnologías de información como la reestructuración del capitalismo ha inducido la creación de una nueva forma de sociedad, que el llama "la sociedad red", caracterizada por la globalización de l as actividades económicas estratégicas, por su forma de organización en redes, por la flexibilidad e inestabilidad del trabajo y su individuación, por una cultura de la virtualidad real, por la transformación de los cimientos de la vida, el espacio y el tiempo, mediante la constitución de un espacio de flujos y del tiempo atemporal. Esta reestructuración de la economía mundial se sustenta en un modelo que privilegia el mercado y que encuentra inéditas posibilidades de desarrollo a partir de la internacionalización de los mercados financieros y de divisas a nivel mundial. Operando como una unidad en tiempo real -a partir de la nueva infraestructura basada en la tecnología de la información- favoreciendo a los flujos de capitales y debilitando las capacidades de los gobiernos para asegurar en sus territorios la base productiva necesaria para generar sus propios ingresos Esta nueva forma de organización social se difunde por todo el mundo, sacudiendo las instituciones, transformando las culturas, creando riqueza e induciendo pobreza. Todo ello genera a su vez mayor exclusión social y desprotección ciudadana (Castells, 1998). 

Para Sousa Santos, en las últimas tres décadas, las interacciones transnacionales se han intensificado dramáticamente, desde la universalización del sistema productivo y transferencias financieras hacia la diseminación, amplia e intensa a nivel global, de información e imágenes a través de los medios de comunicación masiva (que adquieren un nuevo sentido y un nuevo poder) y a través fundamentalmente de las tecnologías de comunicación. Fenómenos paralelos son la traslocación masiva de personas, como turistas, trabajadores migrantes y refugiados. Este proceso, que implica cambios cualitativos, corresponde a un nuevo fenómeno llamado "globalización"o formación global o cultura global (Sousa Santos, 1994).  

En la misma línea, Giddens sostiene que el fenómeno de la globalización ha abierto nuevos retos y nuevas dimensiones ciudadanas. No es un proceso único, sino más bien una mezcla compleja de procesos que actúan muchas veces de forma contradictoria, produciendo conflictos, rupturas y nuevas formas de estratificación. Considera que no es solo ni primariamente, un fenómeno económico, ni un "sistema mundial". Es mas bien la transformación del espacio y el tiempo (acción a distancia, identificada por el desarrollo de formas de comunicación global instantánea y transportación masiva). En un proceso inédito, se ha producido una intensificación de las relaciones sociales a nivel mundial, que relaciona localidades distantes, de tal forma que un hecho local esta determinado por eventos que ocurren a gran distancia, y viceversa, provocando una creciente interpenetración entre la vida a nivel individual y las opciones futuras de dimensión mundial. Es un fenómeno que sucede "aquí en la cercanía de lo nuestro al igual que allá en la lejanía del exterior (Giddens, 1996).

 Otros dos procesos acompañan la globalización, el de detradicionalización o la emergencia de un orden pos tradicional y el de la reflexividad institucional. La detradicionalizacion alude al divorcio del histórico matrimonio entre modernidad y tradicionalismo, a la forma en que el proceso de globalización engulle y desarticula costumbres y tradiciones arcaicas y antidemocráticas (como el cambio en las relaciones entre los sexos y los valores familiares). Ello no implica la desaparición de la tradición, sino mas bien un cambio en su status, al dejar de considerarla como algo incuestionable y verla como abierta a interrogación, algo sobre lo cual se puede decidir. La reflexividad institucional alude al hecho que, en un orden post tradicional, los individuos deben acostumbrarse a procesar todo tipo de información relevante a su situación vital y a actuar de manera rutinaria sobre la base de esos pasos de filtración o reflexión.  

Las consecuencias de este proceso de reflexividad institucional tiene significativas consecuencias para la democracia, pues en un orden crecientemente reflexivo, la política no se reduce a los espacios formales, ni la legitimidad de la política viene solo por el voto o la representación. Para crear y preservar la legitimidad, las funciones de la democracia deliberativa serán cada vez más importantes, mas allá del dominio político formal, para adentrarse en espacios cada vez más importantes para los ciudadanos: la vida cotidiana por un lado y los sistemas globalizados, por otro. Estos procesos generan solidaridades pero también las destruyen. Lo que no solo provoca movimientos progresistas que confrontan la tradición. El miedo a la desintegración provoca también el reforzamiento de la comunidad y el surgimiento de respuestas fundamentalistas y conservadoras (Giddens, 94). Nira Yuval Davis (1997), por su parte, señala que si bien la globalización no es un fenómenos nuevo, el desarrollo de las tecnologías modernas han permitido la transferencia de personas y bienes en una fracción de tiempo infinitamente menor que en el pasado (transportes, medios de comunicación, comunicación virtual), exponiendo a un creciente porcentaje de la población mundial a similares imágenes, mensajes y acontecimientos, desde sociedades y lugares lejanos. Al unísono, ha permitido el surgimiento de nuevas comunidades en forma tal que trascienden los limites del tiempo y espacio (las "comunidades imaginadas" generadas por ejemplo a través de internet). Señala también los contradictorios efectos del proceso de globalización, al provocar por un lado una creciente homogeneización en relación al mercado y al consumo, produciendo una especie de "hibridización" cultural. Por otro, una creciente diversificación y especialización de las diferencias y las identidades particulares (Yuval Davis, 1998). 

Este particular orden espacial y temporal de experiencias, según Falk, da un contenido especifico a la naturaleza de la ciudadanía, abriendo nuevos contenidos, multiplicando derechos antes no considerados ni en los horizontes referenciales nacionales, y que van mas allá de los limites del estado-nación. 

Los efectos de la globalización en las ciudadanías frente a los estados nación. 

Dada su amplitud, complejidad y variedad, el proceso de globalización esta conectado a otras transformaciones en el sistema mundial, que aparecen como parte de los temas puestos al debate, porque afectan a toda la humanidad. Son también los temas "en disputa", tales como el crecimiento de las desigualdades, explosión poblacional, catástrofes del medio ambiente, proliferación de armas, riesgo de destrucción masiva, etc. Todas estas transformaciones representan nuevas amenazas y plantea la exigencia de conquistar nuevos derechos ciudadanos. Los limites de los estados para responder a estas transformaciones son grandes. 

Uno de los efectos más evidentes del proceso de globalización ha sido el que este casi monopolio de los estados en otorgar y administrar los derechos ciudadanos ha sufrido una creciente erosión y debilitamiento, al debilitarse los alcances y la autonomía de estos mismos estados nación. Enfrentados a presiones desde dentro y desde fuera, ven limitadas sus posibilidades de responder a ellas. Desde dentro, las tendencias a localismos y nacionalismos se ha acrecentado, siendo sus manifestaciones más brutales la limpieza étnica, los nacionalismos y separatismos, así como los fundamentalismos beligerantes. Una consecuencia de estas tensiones ha sido la de evidenciar el "mito" de un estado albergando naciones homogéneas (a nivel étnico o cultural). Desde afuera, la influencia y poder de las instituciones supranacionales, a nivel político y económico (instituciones supranacionales como Naciones Unidas, fuerzas transnacionales, fuerzas económicas y ecológicas), han demostrado un mayor poder de decisión y acción sobre los designios e intereses nacionales. Y no solo en relación a los limites de la autonomía económica de los estados sino también en relación a impulsar formas de gobierno de democracia formal, que han ampliado el piso de maniobra de los movimientos democráticos a nivel de los países y las regiones_. Ha evidenciado también los enormes limites de los estados nación para dar cuenta de los crecientes fenómenos de la llamada "la era de las migraciones", cuya existencia toca el centro de las dinámicas de exclusión - inclusión que acompaña el desarrollo de las ciudadanías, haciendo además imposible pensarla en términos solamente de fronteras nacionales (Lister, 1997). En este caso como en muchos otros, se producen permanentes tensiones y yuxtaposiciones entre las fuerzas globalizadas y las fuerzas localizadas y territorializadas..

 

Las ciudadanías globales en construcción 

Por un lado, hemos visto como la globalización redefine los limites de las comunidades políticas en las que se había organizado la ciudadanía, asumida históricamente como dimensión del estado nación y como membrecía a una comunidad política nacional. En un proceso contradictorio, debilita y al mismo tiempo fortalece a las sociedades civiles nacionales. Las debilita al exponerla a localismos y fragmentaciones defensivas y al debilitar el espacio de deliberación y negociación en lo público - político. Al mismo tiempo, las fortalece porque la expone a otros derechos, la universaliza y le ofrece la posibilidad de garantías universales, que van mas allá del estado nación. De esta forma, la globalización ha comenzado a abrir una etapa donde emergen casi dos ciudadanías paralelas, las ciudadanas político nacionales, y una cierta ciudadana universal, cosmopolita (Held (1991)) 

Las dinámicas globales también generan sus propios signos y temas que comienzan a ser de interés universal, trascendiendo fronteras nacionales y creando un nuevo significado al cosmopolitismo ( Sousa Santos), visto como una respuesta a los estrechos limites de las ciudadanías en los estados – nación Es decir, la jerarquía del sistema mundial y las relaciones de poder provocan no solo exclusión, sino también que naciones, regiones, clases o grupos sociales subordinados se organicen transnacionalmente en defensa de sus interese comunes y que usen en su beneficio esta interacción. En otras palabras, la globalización también abre la posibilidad que los grupos excluidos, subordinados, de ciudadanías restringidas, se organicen a nivel transnacional en defensa de sus intereses. Como discurso y practica antihegemónica, este cosmopolitanismo solo es posible en forma intersticial, en los márgenes del sistema mundial capitalista (Sousa Santos). Es en estos intersticios donde la posibilidad de construir una democracia cosmopolita puede tener sentido, entendida esta como un modelo de organización política en el cual los ciudadanos sea donde fuere que estén ubicados, tengan una voz, insumos y representación política en los asuntos internacionales, paralela e independientemente de sus propios gobiernos (Held, 1995). Esta expresión del cosmopolitanismo es también expresada por Waterman como "solidaridad global". La otra vertiente de la ciudadanía global viene de la creciente emergencia de asuntos "que por su naturaleza son tan globales como el globo mismo" , llamados así por Sousa Santos refiriéndose a los asuntos que son ya patrimonio común de la humanidad: sustentabilidad del planeta y de la vida humana, los problemas ambientales, la capa de ozono, la amazonia, la violación de los derechos de los pueblos y de grupos humanos específicos, las migraciones, e incluso la proliferación de armamentos. 

Dos vertientes alimentan el impulso a la formación de ciudadanías globales actuando desde sociedades civiles globales. La vertiente de los espacios transnacionales oficiales, a nivel político y la vertiente alimentada por la acción de los movimientos sociales de perspectiva global. Ambas vertientes corren paralelas, pero con permanentes puntos de intersección, de coincidencia y de "disputa" contestataria, no solo por obedecer a diferentes lógicas y dinámicas de actuación sino también por las perspectivas e intereses diferenciados de las que se parte. 

En cuanto a la vertiente de los espacios oficiales transnacionales, son varias las dinámicas que confluyen, muchas de ellas alimentadas por el sistema de NNUU el cual, a pesar de sus crecientes limitaciones, ha tomado iniciativas y ha desarrollado un cierto nivel de normatividad institucional frente a los estados nación, en muchos casos más moral que efectiva. Por un lado, la tendencia a recuperar el sentido "universal" de los derechos humanos, buscando mecanismos internacionales que garanticen los derechos de los grupos mas excluidos (como los indígenas, las mujeres, la niñez, etc.), a través de los Convenios Internacionales de Naciones Unidas. Por otro lado, la realización de un conjunto de Cumbres y Conferencias Mundiales en la década de los 90, ha puesto sobre el tapete global algunos de los temas y asuntos "tan globales como el globo mismo" como diría Sousa Santos. Cada una de ellas ha dejado documentos o Plataformas de Acción, con recomendaciones que los gobiernos han suscrito en su mayoría, comprometiéndose en su aplicación. Y cada una de estas conferencias y cumbres también ha generado un conjunto de movimientos e iniciativas alrededor de ellas para influenciar sus contenidos y posteriormente garantizar el cumplimiento de los compromisos adquiridos por los gobiernos. Si bien esta exigencia de "rendición de cuentas" está inicialmente centrada en los niveles nacionales, su concreción fue posible por las articulaciones internacionales de los diferentes movimientos sociales orientados hacia estas dimensiones de las vidas de las personas. La variedad de movimientos ecológicos, de derechos humanos, feministas, de salud, de desarrollo, etc. que interactuaron activa y muchas veces conflictivamente con los gobiernos, fueron fuerzas claves en los resultados mismos de estas conferencias. 

En esta línea, otra dinámica cada vez mas significativa para la defensa de los derechos ciudadanos y es el hecho que frente a la imposibilidad, o falta de voluntad de los estados nación de responder a los intereses ciudadanos, respetando sus derechos, o incluso frente al derecho de la ciudadanía de ser protegido contra el ejercicio arbitrario del poder del estado, la nueva institucionalidad regional y global constituye una posibilidad real de acceder a la justicia desde las presiones desde arriba y desde lo global. Es el caso por ejemplo de la Convención para Prevenir, sancionar y erradicar la Violencia contra la Mujer, conocida como la "Convención de Belem du Pará", que ha permitido a las mujeres de la región encontrar apoyo y presión hacia los gobiernos que ejercen o permiten la violencia -doméstica, sexual, cultural o política- contra las mujeres. 

Pero las ciudadanías globales también están orientadas a fortalecer las bases de las sociedades civiles globales, al generarse, desde la acción de los movimientos sociales, una rica trama de redes y relaciones que, alrededor de asuntos ya internacionalizados, provocan un flujo permanente de acciones de impacto y de intercambio que van disputando sentidos y perfilando los contenidos de las agendas globales. Representan, según Castells, una marejada de vigorosas expresiones de identidad colectiva que desafían la globalización en nombre de la singularidad cultural y del control de la gente sobre sus vidas y entornos. Son expresiones múltiples, diversificadas, influenciados por sus especificas culturas y que incluyen tanto movimientos proactivos, que pretenden transformar las relaciones humanas en su nivel mas fundamental, así como movimientos reactivos, que construyen trincheras de resistencia en nombre de Dos, la nación, la etnia, la familia, la localidad (Castells, 1998). El caso de los movimientos feministas es un buen ejemplo de esta dinámica de movimientos proactivos. Desde redes temáticas (salud, derecho sexuales, violencia, ajuste estructural, derechos humanos), pasando por redes de identidad (red de mujeres lesbianas, red de mujeres afro'latino'caribenas, mujeres indígenas, mujeres jóvenes, etc. y concretándose en un "calendario" regional e internacional, que ha levantado días específicos de luchas compartidas en la región y a nivel global: además del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, esta el Día de los Derechos sexuales y Reproductivos (28 de mayo), Día No mas Violencia contra la Mujer (25 de noviembre(, Día de la Ciudadanía Latinoamericana (8 de setiembre), Día del Trabajo Domestico (22 de julio), además de un conjunto creciente de reuniones, Encuentros, Seminarios, publicaciones, etc., de carácter regional y global. 

Los movimientos sociales actuando en el espacio global sin embargo pueden o no avanzar en las interacciones y negociaciones con los espacios oficiales transnacionales o pueden priorizar articulaciones dentro de su propio espacio global. Pueden también combinar ambas estrategias. 

Los movimientos sociales de tendencias transnacionales y sociedades civiles globales 

Muchas expresiones de los movimientos sociales, que actúan en las sociedades civiles nacionales, han comenzado a actuar activamente en el ámbito global. La globalización ha implicado, según Waterman, una creciente centralidad del nivel supra territorial o no territorial, de instituciones e instancias globales y por lo tanto la posibilidad y necesidad de desarrollar sociedades civiles globales_. Esta esfera no es por si misma democrática, ni todos los movimientos sociales actuando en esta esfera son de signo democrático. Las mismas fuerzas que expresan localismos autoritarios, identidades cerradas actúan también activamente en este espacio. La sociedad civil global no es un paraíso no territorial de libertad, igualdad, solidaridad, cuidado ecológico y tolerancia política, dice Waterman. Pero si puede ser un espacio privilegiado para la superación de estructuras, procesos, ideologías capitalistas, estatistas y tecnocracias. Por ello mismo, debe mas bien ser concebida como un hábitat a ser continuamente y conjuntamente construido. En este hábitat, los movimientos sociales globales expresan inevitablemente sus tensiones internas y externas, negocian, revelan e incluso reproducen rasgos y prácticas que buscan superar. Lo que expresa la ambigüedad intrínseca en la practica de los movimientos sociales (Waterman, 1998). Porque la sociedad civil global, así como las nacionales, no será una sociedad homogénea. Contendrá bolsones y tendencias autoritarias, racistas, sexistas, antidemocráticas así como tendencias democratizadoras. Hago énfasis sin embargo en la acción de aquellos movimientos de signo democrático cuyas dinámicas representan también un "terreno de disputa" no solo frente a las lógicas excluyentes de los espacios globales oficiales sino frente a los rasgos excluyentes y autoritarios de la sociedad civil global en formación. Es un espacio conflictivo, donde el ideal no es, según Waterman, el establecer consensos o consentimientos públicos sino mas bien su valor es la misma existencia de lo público y por lo tanto, la posibilidad de disensos, escepticismos políticos, criticismos. Desde estas dinámicas contradictorias y complejas, se están sin embargo abriendo espacios no solo para levantar alternativas frente a los grandes problemas que afectan hoy por hoy a toda la humanidad, no solo para descubrir y consagrar nuevos derechos ciudadanos a nivel global, sino también están impulsando la posibilidad real de ser un foro de defensa de derechos ciudadanos en las diferentes regiones y en los diferentes países de cada región. 

Obviamente, las ciudadanías globales y la formación de las dinámicas de las sociedades civiles globales no pueden estar desligadas de las dinámicas de poder y los hegemonismos existentes en los países y entre los países a nivel global. Porque ni las personas están igualmente posesionadas dentro de sus colectividades ni los estados lo están en relación a otros estados. Las formas que puede asumir la ciudadanía global esta en relación a las formas en que los individuos-as y colectividades se insertan en lo espacios globales y las formas en que las exclusiones y subordinaciones nacionales se expresan y visibilizan en el espacio global. Los efectos ambivalentes de la globalización, que al mismo tiempo excluye e integra, también modifica, potencia o renueva estas dinámicas de exclusion - inclusión. Y si bien la diversidad pacería estar mas expresada y más visible en el espacio global, sigue estando cargada de desigualdad o de otredad, y por ello mismo, constituye mas una aspiración a conquistar, como parte del terreno de disputa que contiene la ciudadanía también a nivel global..

En esta realidad preliminar e incierta, en la cual los derechos globales "objetivos" se están gestando, la ciudadanía subjetiva tiene un peso significativo. La construcción de la ciudadanía global estaría alimentada por la posibilidad de imaginar un futuro donde todas las personas tengan futuro (Falk, 1994) Así, para las ciudadanías restringidas, el espacio global contiene potencialmente una doble virtud: la de visibilizar su imagen y sus propuestas, al mismo tiempo que devuelve o irradia la legitimidad propia del reconocimiento de las-los otros, legitimidad que no es fácilmente encontrada en los países de origen. La existencia de redes de solidaridad, conocimiento, aprendizaje, así como los intercambios teóricos, políticos y vitales, ofrecen también un impulso para la ampliación de las ciudadanías subjetivas. Es el caso por ejemplo de los movimientos de mujeres indígenas en el proceso de Beijing, cuya ciudadanía subjetiva pudo modificarse y ampliarse a la luz de la interacciones y visibilidades legitimadoras que se dieron en el espacio global. 

Normatividad global y derechos humanos nacionales y globales 

Me interesa analizar algunas características de las sociedades civiles globales que evidencian que las tendencias mas democráticas e inclusivas están también presentes y pueden ganar terreno. Por un lado, su nacimiento como sociedad civil global esta reflejado en el creciente impacto de los movimientos sociales y Ongs operando a nivel internacional, dando pie a una globalización "desde abajo" (y desde el medio, como sostiene Waterman), y no solo "desde arriba", desde las iniciativas de los capitales transnacionales y las instituciones supraestatales. 

Esta confluencia en el espacio global de los movimientos sociales luchando en contra de sus especificas exclusiones puebla la sociedad civil global con una enorme diversidad y presencias e intereses multiculturales y plurietnicos, lo que ha llevado a autoras como Lister y Yuval Davis de la "fundación multicultural" de las ciudadanías globales, que provee así la posibilidad de evitar (o aminorar) el riesgo del dominio occidental en este espacio. La ciudadanía global se expresa, según Lister, básicamente como afirmación de la diversidad (Lister, 1997). Los derechos humanos, sustento y muchas veces expresión de los derechos ciudadanos, han pasado a ser uno de los ejes más significativos en este espacio de sociedad civil global. Y es alrededor de ellos que se ha ido generando una nueva institucionalidad global, que permite el uso complementario de la ley internacional de derechos humanos en relación a violaciones que no logran sanción en los espacios nacionales, ya sea por autoritarismos de los gobiernos, ya sea porque sus dinámicas escapan de las fronteras nacionales (la tortura, los desplazados, el trabajo infantil, la prostitución forzada, la violencia contra las mujeres, etc., son algunos de los problemas que han merecido Convenciones y arreglos internacionales). Esta normatividad internacional esta orientada a defender a las ciudadanías de las arbitrariedades en el uso de su fuerza por parte de los estados nación, así como para buscar en ella lo que los estados demoran en dar o se niegan simplemente a otorgar, tanto con relación a asuntos públicos como con relación a asuntos "privados" de alto contenido político.

 Pero también el reconocimiento de la existencia de derechos humanos fuera del ámbito estatal es otra de las posibilidades que legitima la ciudadanía global. Por ejemplo, el interés de Amnisty International de asumir no solo la defensa de los derechos humanos violados por los estados sino también las violaciones que ocurren dentro de la sociedad - por ejemplo, por parte de los grupos terroristas - es una muestra de ello.  

A pesar de estos avances en la normatividad institucional global, es mucho aun lo que falta desarrollar. La efectividad de la acción internacional en relación a las violaciones de derechos humanos, así como al derecho de rendición de cuentas a la ciudadanía global por parte de las instituciones del capitalismo global, las transnacionales y multinacionales, hasta ahora no fiscalizables, requiere de nuevos mecanismos y normatividades. Como señala Lister, la gobernabilidad global de recursos globales requiere nuevas instituciones y mecanismos democráticos de sanción y rendición de cuentas (Lister, 1997). Completando esta idea, Giddens sostiene que si bien las presiones de la sociedad civil internacional y las intervenciones de las organizaciones no gubernamentales han ampliado la gama de derechos y normas relacionadas con la ciudadanía, es aún muy poco lo que se ha logrado en cuanto a su aplicación efectiva, y que no es probable que avance la ciudadanía mundial sin que haya antes una mayor democratización, una mejor coordinación, una reforma financiera del sistema de NNUU, además de una responsabilidad social y sobre el medio ambiente de parte de las corporaciones transnacionales, nuevas fuentes de financiamiento para la ayuda internacional así como estructuras legales internacionales que sean efectivas (Giddens). Y esto nos lleva al tema de la democracia en lo global. 

 

La Democracia en lo Global 

El nacimiento de sociedades civiles globales (no una sino múltiples, en proceso de formación) reflejan el creciente impacto de estos procesos globales y especialmente el de los movimientos sociales y Ongs operando a nivel internacional, removiendo los limites de las dinámicas de exclusión e inclusión. Indudablemente no todas las incursiones y presencias en estas dinámicas globales son de corte democrático lo global también esta plagado de conservadurismo, fundamentalismos, poderes hegemonicos y subordinados. De allí que muchos autores hayan avanzado en una reflexión sobre el necesario y posible contenido democrático de estas incursiones ciudadanas en lo global y la formación de sociedades civiles globales. A la base de esta preocupación esta el hecho que las ciudadanías, en si mismas, no conllevan necesariamente una perspectiva democrática.  

Estos nuevos espacios ciudadanos no están exentos de los limites de la exclusión propios de los estados nación. Pero pueden también ser una herramienta poderosa para delinear y controlar los limites de las exclusiones nacionales. Nuevamente acá, la ciudadanía aparece con toda sus dimensiones como terreno de disputa, expresado en las formas de construcción de las sociedades civiles globales, en el tipo de derechos reclamados y en la creciente institucionalización que se esta desarrollando en este espacio global. Por lo mismo, las sociedades civiles globales no se están formando solamente desde las presencias y propuestas de los movimientos de carácter progresista. Es un espacio que se esta llenando con una multiplicidad de actores, de diferente signo, poder y condición, en el cual los sectores conservadores y fundamentalistas están también presentes. De allí la importancia de considerar también la sociedad civil global y no solo la interacción con los estados a nivel transnacional como terreno de disputa por espacios y acciones democráticas. 

La sociedad civil global democrática también se alimenta de las dinámicas y eventos impulsados por el espacio e instituciones interestatales y transnacionales. No solo porque sus interacciones van alimentando el terreno de disputa y confrontando significados y alcances, sino también porque los espacios, eventos, mecanismos, convenciones, etc. impulsados desde el espacio global interestatal esta generando una rica institucionalidad que puede ser efectiva, mas extendida y mas democrática, para confrontar las limitaciones de los estados nación en la defensa de los derechos ciudadanos. La apropiación de esta nueva institucionalidad es un derecho y una responsabilidad de los movimientos sociales de corte transnacional, al permitir fortalecer un poder que confronte la soberanía de los estados para violar derechos ciudadanos dentro de sus fronteras nacionales.  

Los movimientos sociales que actúan en el espacio global, son portadores de proyectos y agenda especificas, relacionadas con discriminaciones milenarias -de genero, etnia, opción sexual- y con problemas cada vez mas globales: medio ambiente, paz, derechos humanos, etc. En este espacio en construcción, ambivalente, contradictorio, con influencias y presencias tanto conservadoras como transformadoras, la importancia de generar polos democráticos a nivel global, capaces de hacer confluir y potenciar estas agendas especificas es uno de los retos mas urgentes y atractivos. Ello será mas posible si los procesos de múltiples democratizaciones se convierten también en parte fundamental de las agendas de los movimientos. La construcción de las ciudadanías globales y sociedades civiles globales, en este periodo de desarrollo, involucra a movimientos, grupos y personas especificas, cuyo acceso a los espacios internacionales es mucho mayor que el común de las personas en los diferentes países y regiones. Si bien al coincidir en este espacio iniciativas y redes de todo el planeta, las presencias multiculturales, plurietnicas comienzan a ser visibles y actuantes, sin embargo, la participación de las diversidades regionales, en cuanto clase, genero y etnia en toda sus diversidades regionales no siempre esta garantizada. La democratización del espacio global tendría que ser por ello una de las preocupaciones fundamentales de esta construcción ciudadana. La necesidad de extender, democratizar y hacer efectivo un sistema normativo transnacional, expresado en institucionalidad democrática que sea accesible a los ciudadanos es también parte de este proceso de múltiples democratizaciones. 

*Virgínia Vargas es presidente del Centro da Mulher Peruana - Flora Tristan

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Notas

  • _Este articulo se inscribe dentro de la Investigacion "Los Nuevos Derroteros de los Feminismos Latinoamericanos en la Decada de los 90" que vengo realizando apoyada por una beca de la Ford Foundation"
  • Es interesante anotar como el dinamismo de la ciudadanía se expresa en la forma en que sus contenidos se perfilan y articulan con su entorno. Así, a diferencia de Europa y Estados Unidos, los derechos sociales, vistos como la culminación del desarrollo ciudadano, en América Latina han sido mas bien muchas veces el impulso de ese desarrollo ciudadano. La otra diferencia significativa es que los derechos sociales no han sido resultado de la riqueza existente, sino de la pobreza compartida por amplísimos sectores de la población (López 1997). Por ejemplo, la organización de las mujeres alrededor del consumo (precario y colectivo) potenció la posibilidad de percibirse como merecedoras de ciertos niveles de ciudadanía.
  • .Marshall asumió que las incongruencias de la ciudadanía civil podían ser superadas por el reconocimiento de la dimensión social de la ciudadanía, la que debería ofrecer un mínimo social básico que permitiera el acceso igual al necesario bienestar económico, cerrando así las brechas entre igualdad política y desigualdad económica y social.
  • Es importante, sin embargo, rescatar las potencialidades de la universalidad ciudadana, no tanto en contenido, sino en percepción y subjetividad. La lucha por incorporarse a esa esquiva universalidad de derechos ha conllevado generalmente a su multiplicación (López 1998).
  • _ Dos aproximaciones problemáticas, la liberal y la comunitaria dejan vacíos significativos en el análisis de la ciudadanía. La aproximación liberal, construida en base a miembros individuales, ve a la ciudadanía como conjunto de expectativas mutuas entre los individuos/as y el Estado. El individuo es ubicado como entidad abstracta porue, o se consideran sus otras membrecías -étnicas, de género, de clase, etc.-, las cuales son consideradas irrelevantes. La aproximación comunitaria y en parte también el "republicanismo cívico" asume, por el contrario, que los individuos son construidos por sus comunidades, sus colectividades, sus pertenencias a categorías sociales. Por ello, incluso habiendo derechos formales para todos, el acceso al Estado y a otras políticas se mantiene diferenciado. Es su membrecía a categorías sociales o colectividades específicas la que determina sus derechos y no la existencia de individuos atomizados y aislados, que se desarrollan en forma separada e individual con el Estado. Si bien esta aproximación está mucho mas cerca de las vidas de las personas y significa un avance en relación a la concepción liberal, al ubicar las comunidades, categorías, colectividades como entidades homogéneas a su interior, invisibilizando nuevamente la presencia de exclusiones y subordinaciones como las de género.
  • _ Históricamente, los intentos iniciales de lograr la ciudadanía envolvieron la lucha por la autonomía de los individuos de sus lugares de origen y de ocupaciones prescritas. Posteriormente involucró los derechos individuales a la libertad de expresión, creencias, información, así como libertad de asociación. Más adelante, envolvió luchas de grupos específicos, como las mujeres, buscando su libertad frente al matrimonio y a la propiedad, dando espaciio para que asumieran decisiones independientes y no "atadas" a decisiones que emanaran de los maridos, la Iglesia, los partidos, etc.
  • _ De Souza Santos habla de dos formas de globalización, aplicables ya sea a diferentes fenómenos o a dimensiones de un mismo fenómeno: el localismo globalizado y el globalismo localizado. El primero se refiere al proceso mediante el cual un fenómeno local dado es exitosamente globalizado (por ejemplo la operación de las transnacionales a nivel mundial); la segunda, consiste en el impacto específico de las prácticas e imperativos transnacionales sobre las condiciones locales, las cuales son desestructuradas y reestructuradas para responder estos imperativos (deforestación, paso de agricultura interna a agricultura de exportación, uso turístico de tesoros históricos, etc).
  • _ Dentro de las nuevas concepciones sobre modernización y gobernabilidad, la exigencia de democracia formal como una condición para la asistencia internacional hacia países periféricos y semiperiféricos, limita el poder arbirario y dictatorial tan comúin en la región de América Latina durante las décadas pasadas y expresa también cómo la globalización ha traido una nueva forma de presión/interrelación entre la comunidad política oficial, actuando a nivel global y los Estados-Nación.
  • _ Un ejemplo claro de esta doble mirada ciudadana lo encontramos en la participación de las ONGs, organizaciones y movimientos de mujeres de la Región Latinocaribeña en el Foro y la Conferencia de Beijing. En el proceso de preparación y participación en la Conferencia, las diferentes expresiones del movimiento feminista que participaron se posicionaron desde la perspectiva de la sociedad civil, buscando articular dos lógicas y dos dinámicas: una lógica de negociación hacia lo público político, luchando por la posibilidad de lograr que la comunidad internacional y sus expresiones nacionales, a nivel de lo público-estatal comience a asumir sus compromisos para con las mujeres, escuchando sus propuestas e incorporándolas en sus recomendaciones. Y una lógica de afirmación como movimiento. De este modo, no sólo aumentó su capacidad de negociación autónoma con los gobiernos, sino también se visibilizó autónomamente en la sociedad civil, ampliando sus posibilidades de alianzas con otros movimientos sociales. Así, Beijing fue un texto y un pretexto, y ello expresó la combinación de múltiples estrategias que complejizaron la riqueza de su aporte.
  • _ No hay acuerdo entre algunos teóricos de los procesos de globalización sobre la sociedad civil global. Castells, por ejemplo, afirma que las nuevas condiciones de desarrollo llevan a que las sociedades civiles se reduzcan y desarticulen porque no hay ya continuidad. entre la lógica de creación de poder en lo que el llama la "red global" y la lógica de la asociación y la representación en las sociedades y culturas específicas. Su hipótesis es que la constitución de sujetos, en el nucleo del proceso de cambio social, toma un camino diferente al que se conocía durante la modernidad y la modernidad tardia: ya no lo hacen basándose en las sociedades civiles, que están en proceso de desintegración, sino como una prolongación de la resistencia comunal.
  • _ Es interesante señalar que algunas de las firmas transnacionales, como Shell, que contribuyen a la destrucción ecológica, están al mismo tiempo invirtiendo en medidas y proyectos ecológicos.
  • _ Pero al mismo tiempo Falk advierte que, al ser en muchos aspectos realidades supranacionales mas que dinámicas regionales o globales, el riesgo de generar superestados militarizados y controladores del orden global está presente.
  • _ Un dramático ejemplo del alto contenido político de asuntos considerados privados es la que presenta la denun ia de incesto hecha contra el ex presidente nicaragüense, Daniel Ortega, por su hijastra. Ante las enormes presiones internas para evitar la acción de la justicia a nivel nacional, la Coordinadora Nicaragüense de Derechos Humanos ha presentado el caso ante la Corte Interamericana de Justicia, Lima, 1999
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